viernes, septiembre 30, 2022

“Ya no nos quedan fuerzas”: el dolor de la familia de Matías Berardi, el adolescente secuestrado y asesinado en 2010

Matías Berardi tenía 16 años cuando fue secuestrado y asesinado

“Nadie puede dimensionar lo que sufrió mi hijo y lo que estamos viviendo nosotros. Ya no nos quedan más fuerzas, nos hicieron mucho daño. Ni Juan (el papá) ni yo tenemos palabras para expresarnos. Extrañamos mucho a Mati. Simplemente, a veces duele vivir”, dice María Inés Daverio, la madre de Matías Berardi, el adolescente de 16 años que fue secuestrado y asesinado por una banda de delincuentes en 2010. Sus palabras reflejan la pesadumbre que agobia a su familia desde entonces.

El caso conmovió a la sociedad. Por tratarse la víctima de un menor de edad y por el salvaje accionar de los homicidas. Pero también porque, en un momento dado, el chico pudo escapar de sus captores y la violenta situación pudo tener otro desenlace. Sin embargo, ningún vecino lo ayudó.

Justamente, la solidaridad era una de las cualidades que distinguía a Matías, que era el mayor de cuatro hermanos y cursaba el quinto año del secundario. En diálogo con Infobae, su mamá lo recuerda como “un chico especial, de pura bondad, alegre, humilde, solidario. En todas las cosas que hacía, siempre ponía primero al otro antes que él. Ayudaba a todos, cuidaba muchísimo a sus hermanos. Buen hijo, buen compañero. Tenía solo 16 años y una valentía y madurez poco común”.

El caso

Ocurrió el 28 de septiembre de 2010. Esa noche, Matías había ido a bailar a un boliche de la avenida Costanera Norte porteña, donde se juntó con amigos para celebrar un cumpleaños y una fiesta de egresados. De regreso a su casa en Ingeniero Maschwitz, una combi lo dejó en el cruce de la ruta 26 y Panamericana. Eran cerca de las 5.45 de la madrugada. Casi media hora después, exactamente a las 6.11, los padres de la víctima recibieron una llamada desde el teléfono del chico en la que un hombre les dijo que tenía a su hijo secuestrado.

La investigación posterior comprobó que, tras bajarse de la combi y en algún punto del camino hacia su domicilio, el adolescente fue interceptado y raptado por una banda liderada por Richard Fabián Souto, un herrero de nacionalidad uruguaya que actuó acompañado de su esposa, sus hijas, sus cuñados y otros allegados.

Los delincuentes iniciaron una serie de llamados extorsivos a la familia de la víctima exigiéndoles diferentes sumas de dinero por el rescate: llegaron a reclamarles hasta $30 mil. Al menor lo tenían maniatado y encerrado en un taller de la avenida Sarmiento al 400, en la localidad bonaerense de Benavídez, partido Tigre. Hubo, en total, ocho comunicaciones telefónicas con los padres de Matías. Siete ocurrieron en las primeras horas, hasta las 8.18 de esa mañana.

Tras pasar más de 12 horas cautivo, alrededor de las 19.20, el joven logró escapar. Saltó una reja que da hacia el parque que rodea al taller y llegó a la calle. Descalzo y algo desorientado por los golpes que había recibido, empezó a pedir auxilio entre los vecinos a quienes les decía que lo tenían secuestrado. Pero nadie lo ayudó ni le brindó refugio.

Por el hecho hubo diez condenados. Una acusada más, que en ese momento era menor de edad y que había sido absuelta en primera instancia, ahora afrontará un nuevo juicio
Por el hecho hubo diez condenados. Una acusada más, que en ese momento era menor de edad y que había sido absuelta en primera instancia, ahora afrontará un nuevo juicio

Berardi se cruzó con un hombre que estaba por ingresar a su vivienda, le tocó el timbre a la dueña de un quiosco de la cuadra y hasta intentó subirse al vehículo de un remisero que, asustado por la situación, aceleró y se marchó del lugar. Mientras tanto, dos de los secuestradores se subieron a un auto y lo persiguieron. Lo recapturaron a dos cuadras, en las puertas de un cementerio. Con el fin de despistar a los vecinos y de que nadie lo asistiera, además, las mujeres cómplices del secuestro salieron a la calle a los gritos a decirles que el joven era un ladrón que había intentado robarles.

Minutos más tarde, a las 20.38, se dio la última llamada por parte de los secuestradores, que le preguntaron a la familia de la víctima si tenían el dinero que les habían exigido. Del otro lado del teléfono les respondieron que habían recolectado $6 mil, ante lo cual cortaron. Luego, en algún momento de la madrugada del día siguiente, Matías fue trasladado a un descampado en Campana, donde los asesinos le dispararon por la espalda. El cuerpo fue encontrado horas después.

Por el caso se desarrolló un juicio oral con 11 imputados en el banquillo de los acusados. En abril de 2013, el mencionado Richard Souto (hoy de 55 años), Néstor Facundo Maidana (34), Damián Maximiliano Sack (28), Gonzalo Hernán Álvarez (43) y Gabriel Raúl Figueroa (29) fueron condenados a cadena perpetua por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 3 de San Martín.

Además, los jueces Elbio Osores Soler, Lidia Soto y Germán Castelli impusieron las siguientes penas para el resto: 24 años de prisión para Ana Cristina Moyano (esposa de Richard Souto, de 50 años), 21 años para Federico Esteban Maidana (39), 19 años para Celeste Verónica Moyano (39), 18 años para Elías Emanuel Vivas (32) y 17 años para Jennifer Stefanía Souto (31).

En tanto, una joven, Alexia Souto Moyano, hija del líder de la banda y que al momento del crimen era menor de edad (tenía 17 años), fue absuelta. Pero luego la Cámara de Casación Penal revocó el fallo y ordenó un nuevo debate contra esa mujer, que actualmente tiene 29 años.

María Inés Daverio, la madre de Matías (Nicolás Stulberg)
María Inés Daverio, la madre de Matías (Nicolás Stulberg)

En el expediente, varios testigos ubicaron a Alexia Souto Moyano en el lugar de los hechos con un rol activo. Ella fue señalada como quien se ocupó de vigilar a la víctima durante su cautiverio. Para los investigadores quedó demostrada su participación en la retención y ocultamiento de Berardi.

El debate contra la mujer estaba programado para iniciar esta semana, pero la audiencia de este viernes se suspendió por pedido de la defensa, que hizo saber que están estudiando plantear un juicio abreviado, según pudo saber Infobae. Eso significaría que ella acepte la culpabilidad a cambio de una pena menor. Así, se ordenó la realización de una nueva cita con las partes para el próximo 3 de octubre.

“Es un delito grave y la pena tendría que serlo también. Pero que asuma su culpabilidad sería un paso importante”, consideró María Inés y señaló que, “a pesar de que había muchas pruebas”, la acusada “nunca declaró y nunca pidió perdón”, al igual que los condenados. En ese sentido, cuestionó: “Era muy joven en su momento, ahora ya no lo es”.

“En ese momento, nuestros hijos eran muy chicos. No nos quedó otra opción que seguir adelante por ellos. La Justicia dio una respuesta, eso nos ayudó. Hubo sentencias firmes. Y en este nuevo juicio creo que es muy importante no solo para nuestra familia y sus amigos, sino también para toda la sociedad, que esta persona tenga una condena. Tiene que asumir la responsabilidad de lo que hizo”, continuó la madre.

Y agregó: “No le encuentro ningún sentido resignificar una muerte así, tan brutal. Pero que siga habiendo justicia creo que nos daría a todos esperanza de que las cosas pueden llegar a cambiar”.

Los padres de la víctima, en una convocatoria frente al Obelisco para reclamar justicia (Nicolás Stulberg)
Los padres de la víctima, en una convocatoria frente al Obelisco para reclamar justicia (Nicolás Stulberg)

Antes de finalizar, María Inés compartió con este medio una carta escrita por Nora Taberna, una maestra de primaria de Matías. El texto, señaló la madre, ayuda a conocer en palabras cómo era su hijo:

Entonces, vos tenías 6 o 7 años y compartimos dos de nuestras vidas.

Entonces, vos eras Berardi y yo la seño Nora. Te encantaba que te llamara por el apellido y esperabas el ‘¿Qué hace Berardi?’ para soltar la risa, una risa sin dientes, una risa clara y luminosa.

Entonces, eras capaz de aparecer en el cole con los zapatos de tu papá, porque la perra había agarrado los tuyos y vos lo habías solucionado de esa forma. Tu lógica era irrefutable.

Entonces, eras lo que me dicen seguiste siendo siempre: un hijo amoroso, un hermano presente, un excelente compañero, un mejor amigo.

Entonces, yo imaginé como imagino para todos y cada uno de mis alumnos un futuro, y a vos, y te lo decía siempre, te imaginé futbolista, no solo porque jugabas bien, sino porque sabías formar parte de un equipo; habías aprendido de chiquito los códigos de la amistad y el compañerismo.

Entonces, tuve la certeza de que serías siempre un ser noble y solidario. Solidaridad que con vos no practicaron, y en esa no práctica nos dejaste una foto para que viéramos en qué nos habíamos convertido como sociedad.

Estamos acá porque nos duele y nos avergüenza esa foto, porque debemos comprometernos como personas y como ciudadanos, porque queremos que algo cambie. Si logramos transferir alguno de los valores que vos tenías, entonces y solo entonces te habremos honrado, Matías.

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