Picky Paino, la heroína de “Expedición Robinson”, a 20 años del juego que paralizó al país: “Puedo ser mala si quiero”

«Picky» Paino en «Expedición Robinson»

“Hay seis estacas para cada uno, el que se quede con la séptima es el ganador”, propone el conductor Julián Weich.

Va terminando el año 2000 y el país –en pleno estertor del 1 a 1, con una televisión local que aprovecha el poco resto que le queda para grandes producciones, antes de una de las mayores crisis que debió atravesar la Argentina– está paralizado por la semifinal de Expedición Robinson, el reality show de supervivencia importado de Suecia que llegó a la pantalla local y cautivó al público hace dos décadas a fuerza de desafíos, enfrentamientos, paisajes imponentes de una isla ubicada en Panamá y participantes que muchos recuerdan hasta la actualidad.

A la derecha de la pantalla, con el mar de fondo, está Adrián Miani, un trabajador portuario que llegó al programa con la ambición de llevarse el premio máximo: 100 mil dólares. A la izquierda, una joven estudiante de teatro que se gana la vida como mesera. Se llama Emilia Paino, pero todos le dicen Picky. Atados ambos con arneses a dos postes, tienen que hacer un esfuerzo enorme para juntar las maderas incrustadas en la arena, a mitad de camino entre ellos.

La semifinal de «Expedición Robinson»: cuando Picky dejó ganar a Adrián (Canal 13) (Infobae)

Después de seis semanas de sobrevivir con lo justo y de comer poco, están exhaustos. Él, que es alto y forzudo, arranca bien pero a medida que pasan los minutos su cuerpo cede, se siente pesado, se desanima. Ella, flaca y algo debilitada –tiempo después contará en entrevistas que perdió 9 kilos en la isla–, parece llevar mejor el desafío. Contra todo pronóstico, Picky junta sus seis estacas mientras ve que su compañero está en el piso, con la cara llena de arena, gritando: “No, Jesús, no” –tiempo después él contará que decidió tatuarse a Jesús al terminar sus días en el programa–, quizá pensando que no va a poder lograr su cometido.

Entonces, ella se pone de pie, le da aliento, le dice una frase que quedó para siempre: “Dale, Adrián, ¡carajo!”. Y lo deja ganar.

Picky llegó al programa con 20 años. Estaba cursando sus estudios en el conservatorio de arte dramático y trabajaba como mesera
Picky llegó al programa con 20 años. Estaba cursando sus estudios en el conservatorio de arte dramático y trabajaba como mesera

Dos décadas después de aquella escena memorable –sin dudas uno de los hitos televisivos vernáculos por la gran repercusión y audiencia– lejos de las playas donde transcurrió todo aquello, Picky se ríe en su casa de la localidad de San Fernando, al norte del Gran Buenos Aires. Una vez más, como ocurre cada tanto, esas imágenes volvieron a viralizarse la última semana, esta vez en las redes sociales, cuando una usuaria de Twitter recordó aquel juego y propuso proyectar aquel programa en su terraza. Casi como un homenaje, otro usuario compartió el video y varios comentaron otra vez ese gran episodio del reality y el rol de aquella heroína televisiva.

“Me hace mucha gracia todo porque yo soy un cuelgue. Tengo un Twitter que me obligaron a abrir hace mil años pero creo que subí dos cosas y después me olvidé cómo se usaba. Entonces no uso eso, no tengo tele, no estoy muy conectada con el mundo viral o virtual. Así que hay muchas cosas que no me entero”, revela Picky a Infobae. Y vuelve a reír.

"En la calle todavía es impresionante. A mí me sigue pasando hasta el día de hoy. La gente me para, me saluda, me preguntan, me reconocen", cuenta la actriz (@pickypaino)
«En la calle todavía es impresionante. A mí me sigue pasando hasta el día de hoy. La gente me para, me saluda, me preguntan, me reconocen», cuenta la actriz (@pickypaino)

Dos décadas del furor del reality que llegó a sobrepasar los 40 puntos de rating, la repercusión se mantiene. “En la calle todavía es impresionante. A mí me sigue pasando hasta el día de hoy. La gente me para, me saluda, me preguntan, me reconocen. Por ahí tengo una cara de mujer más grande, porque pasaron un montón de años, pero físicamente estoy igual y no cambié mucho. Algunos me dicen: “Siento que te conozco, como que te conozco de la vida”. Esa es la reacción que genera la televisión, más en un reality.

–Es que te presentaste ante el mundo como Picky, no era un personaje o un rol en una ficción.

–Sí, es muy genial. Mi hija Vera tiene 16 años y ella llegó un par de años después de Robinson. Hoy, ya adolescente, pasa que me mira y me dice: “¿Qué es lo que te pasa que la gente te para o se quiere sacar fotos con vos? ¿Sos famosa?” (risas). Y yo le digo: “No, hija, no soy famosa”. “¿Pero cómo puede ser?”. Me acuerdo que un día estábamos por el Obelisco, me pararon y ella me pregunta: ¿Por qué la gente te quiere tanto?” (risas). Entonces ahí le cuento. Un día le mostré el video y ella no podía creer.

El abrazo con Adrián cuando terminó el juego
El abrazo con Adrián cuando terminó el juego

–¿Qué recordás de esa joven que eras cuando llegaste a Expedición Robinson?

–Me da la sensación de que no era muy distinta de lo que soy ahora. Pero yo creo que lo que cambió en todo este tiempo fue una convicción o una pisada un poco más fuerte de todo eso que era en ese momento. No deja de ser lo que soy hoy: fui y soy esa misma persona sensible, para adelante, fuerte y vulnerable al mismo tiempo, que lloraba por todo, que de repente se llevaba todo puesto. De alguna manera sigo siendo esa, pero creo un poquito más en mí (risas), me hago un poco más cargo de quien soy, porque me gusto como soy. Por ahí en ese momento era muy jovencita, creo que cumplí ahí 21 años en la isla. Hoy tengo 41 y estoy bastante más plantada.

–¿Cómo era tu vida cuando te llega la propuesta de participar del programa?

–Yo estaba cursando mi último año en el Conservatorio Nacional. De hecho no pude hacer la residencia porque me fui a hacer Expedición Robinson, así que la residencia me quedó trunca. Pero bueno, ya había hecho televisión, había estado en Verano del 98, en Canal 9, y en otros programas. Había hecho cositas y teatro off había hecho un montón. De hecho volví de la isla no queriéndome subir a una ola mediática, como se esperaba por ahí que pasara, que usara Expedición Robinson de trampolín para la carrera. Yo elegí el camino contrario. Dije “no, esto no va a ser el trampolín, no quiero que esto se relacione con mi carrera porque no tiene nada que ver, yo fui como persona y no como actriz a este lugar”.

Al volver de la isla panameña donde se grabó el programa, Picky tuvo muchas ofertas laborales en televisión
Al volver de la isla panameña donde se grabó el programa, Picky tuvo muchas ofertas laborales en televisión

–Vos vivías con tu familia entonces y tenías una vida en apariencia tranquila, ¿qué te llevó a decir “voy a hacer esta experiencia”?

–Creo que necesitaba ver quién era afuera de mi círculo. Nosotros como familia somos muy clan, operamos como una sola cabeza en un punto. Somos tres hermanos varones y yo. Además nací y crecí y sigo viviendo en San Fernando, entonces todavía hoy camino por las calles por donde caminaba o aprendí a andar en bicicleta y no me quiero ir, me parece que es el lugar más hermoso del mundo. Pero la idea en ese momento era un poco salir de esa cajita de cristal en donde tenían puesta a “la Picky” que es chiquitita, que tiene sus tres hermanos que la cuidan, su papá que la cuida, su mamá que la cuida. Hoy como mamá pienso que mis papás tuvieron que pasar por varias situaciones intensas y entiendo el cuidado o la sobreprotección. Pero yo en ese momento necesitaba ver quién era sola. Y ahí fui. De hecho firmé contrato sin decirles nada. Me llamaron de la productora y me dijeron: “Este es el contrato, leelo”. Me pusieron en una oficina, lo leí sola y firmé. Después llegué a casa, me preguntaron cómo había sido la reunión y ahí les conté que ya había firmado. “¡Estás loca!”, me decían (risas).

–Era ir a un lugar desconocido, lejano, ¿sentían miedo?

–Sí, era todo eso, no lo podían creer. Y después, cuando estaba ahí, lo único que ellos recibían eran llamados de la producción que les decía que yo estaba bien y nada más. Ellos querían saber más y lo único que les decían era: “Ella está bien” y se terminaba la conversación. Así que fue intenso. Entonces esperaban a la próxima llamada; si no volvía era porque seguía participando.

–¿Cómo fue el contacto con la gente que te encontraste allá, después de esa suerte de “cajita de cristal” que describías?

–No fue tan grave como había pensado que podía llegar a ser. En realidad no recuerdo hoy haber tenido un miedo con respecto a las personas en sí que iba a conocer. Sí al principio algunos momentos de la experiencia me dieron miedo. Cuando me vino a buscar el auto para llevarme a Ezeiza y yo estaba con el remisero y decía “ah, listo, me estoy yendo y no tengo idea de nada, ¿dónde me estoy metiendo?” (risas). Había firmado un contrato, me habían dicho que eso por ahí iba a un canal de televisión, pero qué sé yo. Yo me decía: “Por ahí esto ni sale”. La verdad es que yo no tomé conciencia hasta que estaba ahí. Después fue subirme al avión y mirar a los pasajeros y decir: “¿cuál de todos ellos será parte de esto?”. Iba mirando y quería adivinar, miraba si iba gente sola como yo. La noche previa a ir a la isla dormimos en un hotel en Panamá y nos dijeron: “Pidan su última comida antes de viajar”. Y ahí me preguntaba qué hacía encerrada en ese cuarto de hotel, qué estaba haciendo en Panamá (risas).

(@pickypaino)
(@pickypaino)

–Van avanzando los días (fueron 50 en total), hay mucho compromiso físico con los desafíos, aparece también el tema de la falta de comida. ¿Cómo viviste eso?

–Cuando me avisaron que había quedado elegida, mi campaña en casa fue engordar. Desde que me dijeron “quedaste” hasta que me fui, que pasaron dos o tres meses, mi alimentación era a base de helado de crema americana y Óreos (risas), entonces engordé como un marrano y llegué bien power a la isla. El hambre allá obviamente aprieta desde el día uno. Pero no teníamos idea de lo que era tener hambre hasta que de verdad tuvimos hambre, una vez que empezaron a pasar los días y que nosotros ya no teníamos más esa primera ración de comida que nos daban como para ir adaptándonos. Entonces era hablar todo el día de comida, soñar con comida, despertarse de hambre, no “con” hambre.

–¿Y el cansancio?

–Empezó a sentirse más hacia el final, se hacía agotador. Yo me acuerdo que, cuando ya éramos cuatro, en las entrevistas que teníamos con la producción, que después se veían al aire, decía: “Ya está, me quiero ir, ya está, soy la última mujer, me quiero ir a mi casa, quiero comer, me quiero bañar, tengo alergia, no doy más, el cuerpo no me da, la cabeza tampoco, no puedo ni hilar una frase, basta”. Pero bueno, eso pasó más hacia el final. Fue mucho tiempo. Aunque ni siquiera sé cuántos días exactamente: para mí el tiempo es una nebulosa de principio a fin, para mí no hay hora ni día ni fecha y todo se traduce en sensaciones, recuerdos, olores y colores.

De manera inesperada, Picky dejó ganar a su compañero Adrián, que pasó a la final del programa. Sin embargo, el ganador, elegido por una suerte de reunión de todos los participantes, fue Sebastián, que se llevó el premio de 100 mil dólares
De manera inesperada, Picky dejó ganar a su compañero Adrián, que pasó a la final del programa. Sin embargo, el ganador, elegido por una suerte de reunión de todos los participantes, fue Sebastián, que se llevó el premio de 100 mil dólares

–Entonces llega la semifinal y el famoso desafío con Adrián, que paraliza al país. ¿Qué te viene a la mente hoy al recordar ese momento?

–Te soy sincera, lo que me viene a la mente son las frases. Porque, de hecho, por lo menos en mi círculo, a mí cada vez que me pasa algo, ya sea triste, lindo, malo o lo que sea, me cargan con “Jesús, por qué me tiemblan tanto las piernas, señor”, todas las frases que decía Adrián. O las mías, como “dale, carajo”. Todas esa frases hoy son como una especie de “carajo, mierda” de Mirtha (risas). Entonces se inmortalizaron.

–La pregunta vuelve una y otra vez: ¿por qué hiciste lo que hiciste y lo dejaste ganar?

–Yo veo el video o recuerdo ahora y me acuerdo de agarrarme la cabeza y pensar: “¿Qué hago? ¿Qué hago? Dios, me quiero ir”. Entonces es: freno, paro, lo dejo, no lo dejo. En el medio pienso “me quiero ir a mi casa, no quiero estar en este lugar”. Previo a ese juego tuve una charla con Adri. Conociéndolo a él después de tantas semanas, sabía que él tenía esa convicción de “yo quiero llegar, yo acá vine por la plata, vine acá a llegar a la última instancia”. Y yo, le decía todo lo contrario: “Yo no vine por la plata. Obviamente estaría buenísimo, ¿quién no quiere? Pero vine por otra cosa, vine por la experiencia, vine a aprender cosas de mí”. Y en ese intercambio de ideas durante el tiempo que estuvimos ahí cada uno siempre defendió su postura. En ese momento y, creo que hasta la noche previa, Adrián me decía: “Yo quiero ganar y, ¿qué vamos a hacer?”. Y yo le decía: “Adri, no vamos a hacer nada, mirá tu cuerpo y mirá el mío, me llevás una cabeza y media de alto, dos cuerpos de ancho”. Si el juego es físico me vas a ganar. Si es algo de ingenio, claramente también. No hay chances de que me ganes, quedate tranquilo que vas a llegar, está todo bien”.

Expedición Robinson llegó a medir más de 40 puntos de rating
Expedición Robinson llegó a medir más de 40 puntos de rating

–Hasta que llega el momento del desafío y todo es distinto…

–Cuando estuvimos ahí, ya en el juego, y todo empezó a demostrar lo contrario de lo que habíamos hablado, yo empecé a tener una batalla conmigo, no con Adrián. La batalla era interna. Físicamente me había dado cuenta de que podía ganar y estratégicamente también. Entonces la batalla dejó de ser con él y empezó a ser con mis convicciones, con ser consecuente con mis palabras y con mis ideas. Fue decir: “Esta persona me viene diciendo desde que lo conozco que quiere ganar, que quiere llegar hasta el final y yo que vine a otra cosa”. Entonces fue ahí, una prueba para mí. Era preguntarme ¿quién sos? ¿qué querés? ¿te gustaría llegar al final o no? Sí, me gustaría. Pero: ¿es a lo que viniste? No. ¿Le estás ganando Sí. ¿Entonces, qué hacés? Así decidí lo que decidí, que fue hacer lo que hice. ¿Lo haría de nuevo? Sí, creo que lo hago un montón de veces al día, en distintas situaciones de mi vida. Siento que es algo muy de mi clan también, de mi papá, de mis hermanos. Es algo que yo lo veo en gestos cotidianos todo el tiempo, míos y de los míos. Entonces, creo que sí, lo recontra volvería a hacer.

Sobre el gesto que tuvo con Adrián, Picky no duda: "¿Lo haría de nuevo? Sí, creo que lo hago un montón de veces al día, en distintas situaciones de mi vida. Siento que es algo muy de mi clan también, de mi papá, de mis hermanos. Es algo que yo lo veo en gestos cotidianos todo el tiempo, míos y de los míos" (@pickypaino)
Sobre el gesto que tuvo con Adrián, Picky no duda: «¿Lo haría de nuevo? Sí, creo que lo hago un montón de veces al día, en distintas situaciones de mi vida. Siento que es algo muy de mi clan también, de mi papá, de mis hermanos. Es algo que yo lo veo en gestos cotidianos todo el tiempo, míos y de los míos» (@pickypaino)

–¿Cómo te llevás con esto de haber quedado, en el imaginario, como “la buena” para siempre? Estas escenas te catapultaron un poco a eso: sos la buena por un lado y una especie de ganadora moral del juego.

–¡Es terrible! (risas). Y también es otra batalla conmigo misma, algo en lo que estoy aprendiendo a ganarme. Porque sí, ser “la buena” no está bueno. ¡Yo también soy mala! (risas). También soy mala, ¡puedo ser una hija de puta si quiero! (risas). La cosa es que la mayoría de las veces no quiero y trato de resolver desde otro lugar, en todo caso ¡buena pero no boluda! (risas). Porque pasa eso: la gente pone la vara ahí y pone en vos eso, espera de vos de ahí para arriba. Y a veces uno tiene un mal día o lo que sea. Yo soy una persona y a veces meto la pata o tomo malas decisiones, como cualquiera. A veces me equivoco o contesto mal o soy un ogro porque quiero y no tengo razón, porque si no, no sería un ser humano.

"Ser 'la buena' no está bueno. ¡Yo también soy mala! También soy mala, ¡puedo ser una hija de puta si quiero! La cosa es que la mayoría de las veces no quiero y trato de resolver desde otro", dice Picky, que quedó en la historia como la gran heroína del programa lugar@pickypaino)
«Ser ‘la buena’ no está bueno. ¡Yo también soy mala! También soy mala, ¡puedo ser una hija de puta si quiero! La cosa es que la mayoría de las veces no quiero y trato de resolver desde otro», dice Picky, que quedó en la historia como la gran heroína del programa lugar@pickypaino)

–¿Volviste a verlo o a hablar con Adrián?

–Lo vi un par de veces para algunas notas que nos han hecho. Y hablamos por Facebook o Instagram. Nos escribimos por ahí a veces. Pero nunca hablamos del hecho en sí, ni de la isla ni nada de eso. Es siempre un “¿cómo estás?”, “espero que andes bien”, así. Es un cariño que va a ser eterno y que nos une para siempre, pero que no siguió profundizándose. Entonces quedó en esa cosa del cariño lejano.

–Tenés una vida muy vinculada con lo espiritual (N. de la R. escribió un libro llamado Propio (tu mundo) que va a presentar en marzo). ¿Nació en Expedición Robinson?

–No sé cómo surge, lo espiritual aparece. Creo que siempre fui una persona muy sensible, eso sí lo reconozco y creo que dentro de eso viene adjunta una búsqueda un poco más profunda para ir dándole sentido a esa emocionalidad que aparece todo el tiempo, cada día y en todo momento. Porque si uno no aprende a manejar todas esas emociones es peligroso. Entonces creo que la búsqueda empezó por ahí, por sentir que a veces la búsqueda era un desborde y que no podía con tanta emocionalidad para bien y para mal. Pasaba de estar eufórica y feliz a decir “la vida es una mierda”, “no sirvo para nada” y tal. Creo que tiene que ver con buscar herramientas para manejar mis emociones. Mi libro de relatos emocionales habla un poco de eso: de las emociones, de las sensaciones que nos causan esas emociones y cómo trabajar con eso para ser más amables con uno.

En marzo Picky presentará su libro "Propio (tu mundo)". "Son relatos emocionales donde hablo de las emociones, de las sensaciones que nos causan esas emociones y de cómo trabajar con eso para ser más amables con uno"
En marzo Picky presentará su libro «Propio (tu mundo)». «Son relatos emocionales donde hablo de las emociones, de las sensaciones que nos causan esas emociones y de cómo trabajar con eso para ser más amables con uno»

–¿Cómo te rearmaste laboralmente como actriz después de la ola Robinson?

–Arranqué haciendo cositas en Pol-ka, con ayuda de mi representante Tommy Pashkus, que lo sigue siendo hasta hoy. Pero pasaba que me invitaban a hacer notas, a comer con Mirtha Legrand, a hacer esto y aquello para contar mi experiencia. Y, la verdad es que yo no quería. No quería hacer notas de eso. Hice las que correspondía y listo. Pero después, cuando me llamó Mirtha Legrand para ir dije que no. Todos me decían: “¿No vas a ir a lo de Mirtha Legrand?”. Y yo: “¡No quiero!”. Y un poco esas decisiones me fueron también marcando los límites. Cuando uno no se expone en la televisión, a la televisión no le divierte mucho. No le servís, como contenido sos poco productiva. No lo digo despectivamente, es como son las reglas del juego: si vos jugás, jugás, si no, no. Yo no me sentía cómoda jugando a eso. Hasta el día de hoy, cuando tengo que hacer algo en televisión me estrujo, no sé cómo resolver.

–¿Con el teatro es distinto?

–Sí, totalmente. Mi primera audición fue en el Teatro San Martín para Jorge Lavelli y quedé. Fue un obrón de Calderón de la Barca y después nos fuimos a España, giramos allá con una de las mejores actrices que hay para mí en el planeta, que es Blanca Portillo. Y ahí seguí haciendo teatro y aprendiendo con actorazos y directores increíbles. Tuve la suerte y la dicha de trabajar con los mejores actores y con los mejores directores. Creo que de los grandes no me quedó nadie afuera: trabajé con todos. Y no sé si mucha gente puede decir eso, yo me siento afortunada. También hice cine, mi primera película fue un protagónico con China Zorrilla, que me hizo de partenaire (risas). Y para mí el cine fue un viajazo y quisiera vivir toda mi vida filmando cine, ahí sí que vibro.

Picky Paino en distintos programas de televisión (Infobae)

–¿Y ahora en qué andás?

–Ahora, ¿viste que hay rachas? En teatro es un poco es tres años sí, tres años no. Son tres años seguidos laburando y después por ahí no pasa nada, no hay audiciones hasta que la cosa se vuelve a retomar. Por suerte aprendí cómo funciona y tengo una vida muy rica en todos los sentidos, no estoy sentada esperando que me suene el teléfono. Hago mis cosas, escribí mi libro, tengo una banda, canto, doy clases. Hago de todo, no paro.

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