viernes, diciembre 2, 2022

La terrible historia de Tenorinho, el pianista de Vinicius de Moraes secuestrado en la ESMA y asesinado por Astiz

(Captura de video) (Hugo Martin/)

A mediados de marzo de 1976 los días del gobierno de María Estela Martínez de Perón estaban contados y eran pocos. Pocos sabían con exactitud la fecha del golpe que la derrocaría, pero a nadie se le escapaba que era inminente. En el centro porteño, la avenida Corrientes, con los cines, los teatros y los restaurantes abiertos, mantenía una falsa rutina de normalidad a pesar de la ominosa presencia de los Ford Falcon con chapas patente difusas y sujetos de ojos avizores en su interior que la recorrían a una velocidad que apenas superaba el paso de hombre.

Por esos días sobresalía en la cartelera de espectáculos la serie de tres recitales de Vinicius de Moraes y Toquinho en el Gran Rex, última escala de una exitosa gira que había incluido presentaciones en Punta del Este y Montevideo. A los dos monstruos de la música brasileña los acompañaban “Azeitona” en el bajo, “Mutinho” en la batería y Francisco Tenorio Cerqueira Junior, un pianista que a los 35 años ya era considerado uno de los mejores exponentes de samba-jazz. “Manos de oro, autor de notable talento y enorme futuro”, había escrito sobre él Ruy Castro, uno de los más reconocidos críticos de la bossa nova y la cultura carioca.

La madrugada del jueves 18, después del recital y de la cena tardía en un restaurante, los integrantes de la banda prolongaban la velada en el apart hotel Normandie, en Rodríguez Peña 320. Se les habían sumado Renata Schusseim y la poeta Marta Rodríguez Santamaría, novia de Vinicius.

A las tres de la mañana, Tenorinho – como Vinicius llamaba al pianista – comprobó no sin desazón que se había quedado sin cigarrillos. Por suerte estaban en el centro, a metros de la avenida Corrientes, donde había kioscos que no cerraban nunca.

-Voy a comprar tabaco – dijo antes de salir.

Tenorinho, que no tenía ninguna actividad política, salió a la calle y es posible imaginarlo: un hombre flaco, de barba y pelo largo, con aire de artista o de intelectual, que camina por una vereda de Rodríguez Peña y desemboca en la avenida de las luces en busca de un kiosco abierto. Es posible que no haya imaginado que en la Argentina de 1976 esa imagen, la suya, coincidía con el estereotipo del militante de izquierda o, traducido a la jerga represiva, la de un “delincuente subversivo”.

Tenorinho
(Captura de video) (Hugo Martin/)

El secuestro de un pianista

Ya sobre corrientes, Tenorinho divisó un kiosco y empezó a caminar hacia él. No llegó. Lo interceptó una patota de cuatro hombres armados que bajaron de un Ford Falcon y lo subieron a la fuerza. El kioskero, desde unos cuarenta metros, vio toda la escena. Ni se le ocurrió intervenir, ni siquiera gritar: en la Argentina del terrorismo de Estado que antecedió al golpe la gente común no hacía esas cosas.

Casi al mismo tiempo que Tenorinho salía a la calle, Vinicius de Moraes anunció que se iba a dormir y Toquinho se fue a otra de las habitaciones del apart. Estaba cansado. En ninguno de los relatos de lo ocurrido esa noche queda claro quién le avisó al guitarrista y coequiper de Vinicius que a Tenorinho le había pasado algo.

A las 3.20 de la madrugada sonó el teléfono en el departamento del apart que ocupaba Vinicius. Sólo Renata Schusseim y Marta Rodríguez Santamaría estaban despiertas. Era Toquinho, que con voz desesperada pedía hablar con Vinicius, a las mujeres no quiso decirles nada.

Todavía semidormido, el poeta agarró el tubo y se lo llevó a la oreja. Las Mujeres lo escucharon decir dos cosas: “¡Oi, Toquinho!” y, después, “¡Merda!”. Colgó y se quedó parado en el lugar, como ausente.

-Vina, ¿qué pasa? – le preguntó.

-Tenorinho… Tenorinho desapareció – le contestó Vinicius como un fantasma.

La desesperada búsqueda de Vinicius

Además de poeta y músico, Vinicius de Moraes tenía experiencia diplomática. Esa misma noche pidió una guía de teléfonos y llamó a todos los hospitales de la ciudad sin ningún resultado. La mañana siguiente buscó un abogado y presentó un habeas corpus. Se comunicó con un ex yerno, que era cónsul brasileño en Buenos Aires y le pidió que se moviera rápido.

Ese mismo día fue también a la Embajada de Brasil y se reunió con el embajador, Joao Baptista Pinheiro, que le prometió que pediría información en las más altas esferas del gobierno. Más tarde llamó a todos los periodistas y políticos que conocía, para que la desaparición de Tenorinho tomara estado público. Intuía que eso podía ayudar a encontrarlo.

Esa noche, agotado, se derrumbó. “Todos estábamos en shock. Vinicius estaba reflexivo y ensimismado, era parte de su personalidad reaccionar así cuando algo lo desbordaba. No había respuesta y la tristeza era abismal”, recordaría muchos años después Marta Rodríguez Santamaría.

La última esperanza del poeta era que Tenorinho hubiera sido detenido porque había olvidado su pasaporte en la habitación – lo habían encontrado esa misma noche, en el cajón de la mesita de luz – y que estuviera en una comisaría. Que allí pudiera aclarar la situación y ser liberado. Se había anoticiado que la policía podía tener detenida a una persona durante 48 horas por averiguación de antecedentes. Eso decía la ley, pero en marzo de 1976 en la Argentina esa ley era papel pintado.

El 24 de marzo se produjo el golpe y pocos días después, desolado, Vinicius volvió a Brasil.

Tenorinho nunca apareció.

Según un testigo y ex represor de la ESMA, al pianista brasileño lo mató Astiz (Reuters)
Según un testigo y ex represor de la ESMA, al pianista brasileño lo mató Astiz (Reuters) (STR New/)

Víctima del Plan Cóndor

Pese a sus contactos políticos y diplomáticos, Vinicius no sabía que desde hacía tiempo los aparatos represivos de la Argentina, Chile, Bolivia, Uruguay y Brasil trabajaban coordinadamente en la coordinación de la represión ilegal contra la disidencia política y social en todos esos países. Intercambiaban información e incluso, para entonces, empezaban a trasladar detenidos de un país a otro.

El embajador brasileño Joao Baptista Pinheiro nunca le dijo a Vinicius que sus gestiones ante sus contactos argentinos habían tenido una respuesta. Una fuente de la Armada le dijo que lo tenían detenido, pero no ofreció devolver al pianista –para entonces estaba muerto– sino pasarle la información que habían obtenido de él.

“Los militares brasileños conocían la suerte de Tenorio, pero la estaban ocultando. Hay documentos encontrados en los archivos de la policía política brasileña, el DOPS (Dirección de Orden Política y Social), que refieren a un mensaje dirigido por la ESMA a la embajada brasileña informándola sobre el fallecimiento del pianista, secuestrado y torturado desde el 18 de marzo. Porque una vez que reconocieron que se habían equivocado de persona, ya no podían dejarlo libre. Habría sido un escándalo”, confirmó años después la periodista Stella Calloni, que investigó a fondo el funcionamiento del Plan Cóndor.

“Lo mató Astiz”

Debieron pasar 37 años para que se supieran detalles del secuestro y el asesinato de Francisco Tenorio Cerqueira Junior. La información la brindó en marzo de 2013 un represor argentino por entonces radicado en Brasil, Claudio Vallejos (a) “El Gordo”, antiguo integrante de los grupos de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada y uno de los autores materiales de la desaparición de Tenorinho la madrugada del 18 de marzo de 1976 en la avenida Corrientes.

Vallejos había escapado a Brasil pocos meses después de la recuperación de la democracia en la Argentina, cuando aún no regían las leyes de impunidad conocidas como de “Obediencia Debida” y de “Punto Final”, para evitar que la Justicia lo llamara a declarar por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la ESMA.

En el país vecino se las rebuscó como pudo para sobrevivir, casi siempre al margen de la ley, hasta que fue detenido por estafas en 2012. Ese mismo año aceptó a cambio de dinero una larga entrevista con periodistas de la revista brasileña Senhor, donde contó con pelos y señales su pasado como represor en la ESMA. Tanto fue lo que contó, que la revista tuvo que dividir la entrevista y publicarla en dos ediciones.

Tenorinho
(Captura de video) (Hugo Martin/)

En diciembre de ese mismo año, Vallejos repitió su confesión ante la Comisión de la Verdad, creada por la presidenta Dilma Rousseff, con la seguridad de que, protegido por la ley de amnistía brasileña, no debería responder por sus crímenes en el marco del Plan Cóndor. No imaginaba entonces que la Justicia argentina pediría su extradición.

“El Gordo” relató que la madrugada del 18 de marzo estaba participando de un operativo en el centro de Buenos Aires cuando recibió la orden de ir a buscar con la patota que integraba a un sospechoso que tenían en una comisaría, un tipo con “aspecto medio de subversivo”. Lo trasladaron a la ESMA donde, según sus dichos, “llegó con vida y sin ser golpeado”.

También confirmó que la inteligencia brasileña estaba al tanto de la suerte corrida por el pianista. “El 20 de marzo de 1976, el oficial Rubén Chamorro, jefe de la ESMA, pidió autorización para establecer contacto con un agente brasileño, cuyo código de guerra era 003, letra C y pertenecía al Servicio de Información Naval de Brasil, para que le informase qué grupo de tareas estaba interesado en brindar informaciones sobre la identidad y vínculos políticos de Francisco Tenorio Cerqueira Junior”, contó Vallejos en la entrevista.

En su confesión, el represor relató que Tenorinho fue torturado, aunque aseguró que él no había participado en los interrogatorios. Y también proporcionó la fecha en que lo asesinaron, el 25 de marzo, y quién fue su ejecutor:

“(Alfredo) Astiz lo mató en el sótano de la construcción vieja de la ESMA pero no sé dónde lo enterraron”, dijo.

Vallejos murió en el Hospital de Bernardo de Irigoyen, en Salta, en junio de 2021. Cumplía prisión domiciliaria por su precaria condición de salud. Poco antes de morir, en las últimas, confesó: “Maté a por lo menos 30 personas y perdí la cuenta de aquellos que torturé y aquellos que torturé y terminaron muertos”.

El recuerdo de Tenorinho

En 2008, el director brasileño Walter Lima Junior estrenó la película Os desafinados, donde incluyó a manera de homenaje la historia de Francisco Tenorio Cerqueira Junior.

Otro cineasta, el español Fernando Trueba – director de Belle Époque y El olvido que seremos, entre otras obras – planea estrenar el año próximo una película They Shot the Piano Player de animación sobre la vida, el calvario y la muerte de Tenorinho. “No quiero hacer una película sobre un desaparecido. Es más importante reconsiderarle como músico”, explicó en una entrevista reciente con el diario español El País.

En Buenos Aires, desde 2011 se recuerda a Tenorinho con una placa en la fachada del hotel Normandie. Debajo su nombre dice: “Aquí se hospedó este brillante músico brasileño, víctima de la dictadura militar argentina”.

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