Ginette Reynal: “Para que el amor viva, uno debe permitirse el cambio constante”

Ginette Reynal posa en la playa, en una entrevista con Infobae en Punta del Este /// Fotos: Matías Souto

A los 60 años y como en los inicios de su carrera de modelo, Ginette Reynal sigue siendo dueña de una figura espectacular, de una simpatía inigualable, de una mente abierta y de una personalidad inquieta, que la lleva a replantearse la vida de manera constante.

La ex modelo, conductora de televisión y actriz es madre de tres hijos: Mía (28), Martín (27) y Jerónimo (22). Los dos primeros son fruto de su relación con Manuel Flores Pirán, mientras que el tercero es fruto de su matrimonio con el polista Miguel Pando, quien falleció repentinamente en 2011 a causa de un fulminante cáncer de cerebro. Hace 9 meses debutó como abuela de Ramsés, su primer nieto de parte de su hija mayor, Mía Flores Pirán y su pareja, Luis Ortega. Ginette asegura que, ser abuela, es el mejor rol que le tocó vivir.

En una entrevista con Infobae en Punta del Este, repasó los mejores momentos de su carrera, los capítulos más tristes de su vida, reveló qué la hace feliz, cuáles son sus miedos y por qué no le resulta simple estar en pareja.

-¿Cómo son tus días de descanso en Punta del Este?

Hacía muchos años que no venía, así que estoy acá con mi hijo Jerónimo que vive en Barcelona, con mis sobrinos; y, en estos días, está por llegar Mía con mi nieto Ramsés. Me encanta Punta. Vengo hace mucho, pero no puedo venir todos los años porque muchas veces me toca hacer temporada en Mar del Plata o en Buenos Aires. Me encantaría poder venir siempre. Me levanto temprano, tomo unos mates, me hago mi jugo verde, cocino mucho porque me encanta, voy a la playa Bikini o a El Chorro y leo mucho. Ahora estoy leyendo “Homo Deus”, de Yuval Noah Harari, que es un libro súper interesante.

A la noche tengo mucha actividad social, voy a cenas y fiestas. Disfruto mucho de estar con mis amigos.

A los 60 años, Ginette Reynal se muestra espléndida en las playas de Punta del Este
A los 60 años, Ginette Reynal se muestra espléndida en las playas de Punta del Este

-¿Está en pareja?

No. Ganas tengo, porque siempre es lindo tener alguien con quien compartir la vida pero, en este momento, estoy muy bien sola. No me gustaría pensar en una pareja desde la necesidad de estar en pareja: me gustaría encontrar a alguien -o que me encuentre- que le diviertan las mismas cosas que a mí. Soy bastante esotérica, me gusta todo lo que tiene que ver con lo nuevo, las nuevas formas de pensar, la astrología, el arte… todas esas cosas en las que, a veces, es difícil coincidir con una pareja.

-No le deben faltar candidatos

Más o menos. No es fácil para una mujer de mi edad. En febrero cumplo 60 años y los hombres de mi edad, los que no están en pareja, están para salir con chicas más jóvenes. Entre los 50 y los 60 años, los hombres entran en una crisis, que a las mujeres nos agarra a los 40. No es fácil y no sé si mi cabeza tan abierta y mi modo de pensar hace que, a lo mejor, los hombres no se me acerquen tanto. No me sobran candidatos… ¡o no los veo, no sé! (risas). Además, estoy metida para adentro, eso también puede ser.

-¿Quiénes fueron y quiénes son los grandes amores de su vida?

Mis hijos y mi nieto Ramsés, que me tiene enloquecida de amor. Miguel, mi último marido… sobre todo él. De todos modos, por mi forma de ser, desde el momento en el que estoy con alguien, esa persona es mi gran amor. No estoy con alguien porque me divierto y digo “vamos viendo”. Soy bastante intensa en el amor. Cuando estoy, es porque esa persona significa todo para mí en ese momento. Lo doy todo.

-Miguel Pando fue su último gran amor, ¿cómo recuerda esa relación?

Fue muy importante. Estuvimos 16 años casados y era una relación que estaba muy viva. Fue una relación muy intensa, con muchos altibajos como cualquier relación de muchos años, pero ambos trabajamos mucho: nunca dimos nada por sentado, y siempre insistí en revisar y en recuperar. Hicimos mucha terapia de pareja, nos hizo bien porque la crisis fuerte que tuvimos la pudimos superar. A partir de ahí, construimos una pareja nueva, dentro de nuestra propia pareja.

Estar con él me enseñó muchas cosas: la perseverancia, la disciplina, el trabajo, no dar nada por sentado en una pareja, permitir que el otro no deje de ser quién es resulta ser clave para que una pareja esté viva y es lo más difícil de todo. Porque después uno dice “no sos el hombre del que me enamoré”, Y no, nadie es el hombre o la mujer de la que te enamorás, porque todos vamos cambiando… todo el tiempo. Para que el amor viva, uno debe permitirse el cambio constante. El cuerpo cambia: cada 21 días cambiamos las moléculas del cuerpo y se reemplazan todas.

Ginette Reynal con Infobae
Ginette Reynal con Infobae

-La pareja con Miguel Pando estaba recompuesta después de esa crisis y llegó un diagnóstico con una enfermedad terminal. ¿Cómo lo afrontó?

Siempre traté de ser optimista y positiva, porque soy así. Nunca me imaginé el desenlace que tuvo su enfermedad. Pasé por miles de estados, desde la total y absoluta esperanza, hasta el décimo subsuelo. Eso fue constante y lo que me quebró. Un cáncer de cerebro grado 4 era muy difícil de curar. Cuando acompañás a alguien tan de cerca, como a tu marido, tampoco podés dejar de ser optimista porque nadie tiene la bola de cristal, ni la verdad absoluta como para poder saber si eso va a ser de un modo o de otro. Tenés que acompañar de una manera positiva, para que la persona que está en tratamiento pueda buscar sus propios recursos.

La curación está un poco en cada uno y en la relación de esa persona con quienes lo ayudan, como los médicos, los tratamientos… Mi papá y mi mamá se enfermaron de cáncer al mismo tiempo. Mi papá se curó, mi mamá no. Los dos tenían una cabeza completamente distinta para enfrentar la enfermedad.

-¿Cómo fueron las últimas conversaciones con Miguel Pando?

Muchas conversaciones no hubo porque Miguel tenía su cáncer en el centro del habla y, en los últimos momentos, dejó de hablar. Tuve conversaciones maravillosas y pasamos por todo tipo de estados de ánimo. Pero el protagonista era él, obviamente. Lo extraño muchísimo.

-Después de su muerte y sumida en una gran tristeza, usted empezó a librar una dura batalla contra las drogas, que logró vencer. ¿Qué mensaje quiso dar contando su testimonio?

Quiero poder pasar la página de eso y seguir adelante. Hoy estoy muy bien. Lo conté porque quise dar mi testimonio y un mensaje de esperanza. Ese mensaje se escuchó. La enfermedad de la adicción no es lo mismo que consumir drogas, y eso es muy difícil de transmitir. Las drogas, el alcohol o cualquier tipo de sustancia externa que empieza a tener una repetición, que te genera un determinado efecto emocional o en la cabeza, pasa a ser una probable causa de la enfermedad de la adicción.

La enfermedad de la adicción no le sucede a todo el mundo y es una enfermedad de autodiagnóstico. Es tan sutil todo ese campo… por eso existen los grupos como Narcóticos Anónimos, Alcohólicos Anónimos, Fumadores Anónimos, Compradores Compulsivos… porque la adicción es la enfermedad: lo que consumís depende de tu historia, de lo que te pasó, de lo que tuviste a mano. Creo que ya dije todo lo que tenía decir y lo que me interesa transmitir es que, si alguien, en algún momento necesita una mano, en privado le puedo sugerir adónde ir o lo que sea.

Hoy en día, entrás en internet y tenés toda la información de todos esos grupos de ayuda, si sentís que tenés la enfermedad de la adicción o si sentís que tenes un problema con algo que está empezando a manejar tu vida, y no al revés.

Ginette Reynal disfrutando de un día de sol y playa
Ginette Reynal disfrutando de un día de sol y playa

-Vayamos ahora para atrás, ¿cómo recuerda los inicios de su etapa de modelo?

Empecé muy chica, tenía 15 años. Era lo que quería hacer, pude hacerlo y tuve suerte, porque trabajé mucho y muy rápido. Me llamaron para participar del concurso “Miss Para Tí”, lo ganó Patricia Miccio, pero ahí empecé a trabajar haciendo fotos y desfiles. Empecé a viajar muchísimo. Iba al colegio y, cuando salía, me iba a con el uniforme a la peluquería. Después, me iba a probar la ropa. Pasé, de la fantasía de la adolescencia, a la realidad pero de una forma muy divertida. Me divertí mucho, tengo muchas amigas de esa época.

Mi tía, Marina Blaquier, me enseñó a trabajar porque ella era modelo. Me enseñó a desfilar. Cuando empecé, enseguida me abrazaron las modelos de ese momento, como Mora Furtado, Teté Coustarot, Teresa Calandra y Tini de Bucourt. Empecé a desfilar con ellas. Somos muy amigas, nos seguimos juntando a comer todos los meses con Evelyn Scheidl, Andrea Frigerio, Delfina Frers… Siempre estamos en contacto, incluso por chat: estamos todos los días online.

-¿Qué diferencias ve en entre el mundo de antes y el actual de las modelos?

Las modelos de ahora se valoran menos como mujeres. Cuando nosotras trabajábamos, hacíamos valer mucho más nuestro trabajo. Ahora, siento que a las chicas les borraron la personalidad, las manejan los estilistas y las agencias. Están más en manos de los hombres, de lo que el hombre quiere que la modelo signifique. Nuestro trabajo estaba mucho más circunscripto a lo que queríamos hacer y a cómo lo queríamos hacer. Nosotras cobrábamos todo: si el desfile era de noche se cobraba más, si había que subir y bajar muchas escaleras se cobraba más, se cobraban los accesorios, los zapatos… era diferente. Las chicas de ahora son más libres, cosa que me parece buenísimo porque no tienen rollo con el cuerpo, ni con mostrarse. También, los contratos comerciales para marcas se pagan mejor que en nuestra época.

Antes se valorizaba todo mucho más: había menos modelos y, ahora, hay cantidades industriales pero no me parece mal que cualquiera sea modelo. La belleza, o el atractivo de una modelo, ya no es más una única forma de ser linda. Hay chicas que son muy personales, que tal vez no son la típica chica linda, y trabajan igual. Y eso me parece bárbaro. Me molesta que las más chicas no sean prolijas. El otro día fuí a un desfile, tenían la marca del bikini cuando pasaban un vestido con escote en la espalda. Eso, en nuestra época no pasaba. No podés pasar un strapless con la marca del bikini sobre tu piel. Tampoco son prolijas con las manos y los pies. Una modelo tiene que estar impecable. Falta pulirse, refinamiento, disciplina… vos sos tu propio producto.

Ginette Reynal con Infobae
Ginette Reynal con Infobae

-¿Cómo ve hoy al país?

Siento que estamos frente a una oportunidad maravillosa. Lo voté a Macri. No le acertó en muchas cosas pero creo que hay un montón de gente que, como yo, quiere que las cosas sean de una manera distinta. Una de las cosas más importantes es que existe una oposición que va a marcar un equilibrio. Tengo fe en Alberto Fernández y en su gobierno. Creo que estamos frente a la posibilidad de que esto se destrabe, que podamos trabajar juntos aunque seamos diferentes y pensemos distinto. El país es de todos, realmente es de todos.

Me gustaría que se deje de estigmatizar por tener mucho, poco o por pensar bien o mal, porque siempre voy a creer que el que piensa diferente a mí está pensando mal. Y no está pensando mal, está pensando diferente. Me parece que, si Alberto Fernández logra recuperar el valor de la diferencia, lo que pase puede llegar a ser maravilloso. Le tengo fe a Alberto Fernández, lo estoy observando con optimismo. Apuesto a largo plazo: siempre lo hago y en todo lo que hago.

-¿Cómo le sentó el rol de ser abuela por primera vez?

¡Me siento bárbara! Es un rol que me va muy bien. Tuve abuelas maravillosas y debe ser eso, que inconscientemente trato de reproducir la misma relación que tuve con ellas. Mi nieto Ramsés es muy chico aún, tiene 9 meses, pero la verdad es que me encantaría estar todo el tiempo con él. Cuando no lo veo, lo extraño muchísimo.

-¿En qué cree?. ¿Es religiosa?

Creo en Dios. No soy religiosa pero fui criada en la religión católica apostólica. Estoy pasando por una etapa en mi vida en la que me replanteo todo eso. Creo en una inteligencia superior, o amor absoluto, o en la luz, o como lo quieras llamar. Para mí Dios es eso: es la inteligencia superior que hace que sea distinta a un árbol, por ejemplo.

Dios hace que los seres humanos nos reproduzcamos. Hay algo que hace que evolucionemos pero que el ADN no cambie demasiado. Hay un tipo de energía o fuerza que hace que la galaxia en la que estamos se mantenga: es que, si lo pensás fríamente, estamos volando arriba de una piedra. Con otras piedras alrededor, como la luna y los planetas. Pero todo se mantiene por una serie de fuerzas, que son todas distintas porque cada una de esas piedras tienen una órbita y una velocidad distinta. Sin embargo, todo se mantiene con una cierta estabilidad, como para que nosotros hayamos podido crear el tiempo y el espacio. El tiempo es una ilusión estable.

-¿Cree en la vida extrarrestre?

Creo que debe haber vida fuera de la Tierra, lo que pasa es que la educación y el tipo de condicionamiento que tiene el ser humano -que pasa de generación en generación y que viene sucediendo hace millones de años- hace que nosotros no podamos comunicarnos o ver otras realidades más que la propia.

-¿A qué le tiene miedo?

Me da miedo que le pase algo a mis hijos, el sufrimiento físico, la gente bruta, resentida o que siente un poder personal y que cree que puede hacerle daño a otros. También, le tengo mucho miedo a la mentira.

-¿Qué la hace feliz?

Me hace feliz y, agradezco todos los días, estar sana y bien. Ver bien a mis hijos, verlos crecer, poder entenderlos, tener una buena relación y estar cerca de ellos. También, me hace feliz seguir trabajando en mí misma, para poder entenderme y entender mejor a los demás. Escuchar buena música, poder comer lo que quiero, vivir como me gusta… Soy muy agradecida, tengo una familia grande y maravillosa.

Ginette Reynal en Punta del Este
Ginette Reynal en Punta del Este

-¿Qué cree que pasa después de la muerte?. ¿Le da miedo?

Creo que hay algo más allá. No creo que sea algo que lo pueda describir desde lo físico. Ahora estamos encarnados pero no creo que lo que pase después de esto, tenga una descripción en esta encarnación. Me voy a dar cuenta después de que me vaya de este cuerpo. Por eso, nadie puede saberlo.

Lo que sea que pase, no va a tener ninguna descripción en el cuerpo, porque no voy a estar más acá. Me da vértigo pensar en la muerte. Después de que Miguel murió, tuve una etapa en la que soñaba que estaba muerta. En el sueño estaba muerta: me trataba de despertar y no podía. Hacia fuerza y no podía despertar. Sentía que estaba muerta y hacía fuerza para poder abrir los ojos. Era una sensación horrible y desesperante. Eso sí me da miedo.

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